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miércoles, 30 de mayo de 2007

Sobre la toma del Mercado Santa Anita

Este problema duró 25 días y todo el Perú lo vio y escuchó. En esta oportunidad daré un pequeño giro a mis ideas, pues les presento tres propuestas a los escritores que gustan hacer pequeñas historias. Tres argumentos que se pueden sacar de este incidente, que quizá no sean ciertas pero pudieron serlo. Con esto no quiero tergiversar la veracidad de las noticias sino plasmar mis ideas para aquellos que lo consideran válidas.

1. Sobre un joven policía que resguardó la entrada principal del mercado Santa Anita los tres últimos días y que en su primera noche conoce a una linda periodista, de quien se enamora perdidamente y ella corresponde a sus intenciones, pero la situación y sus labores que cumplir de ambos no les permitieron consolidar sus sentimientos. Hasta el día del desalojo nunca dejaron de mirarse. Aunque todo eso acabaría sabían que algún día se volverían a encontrar.

2. La historia de un adolescente que vivía enamorado de la chica del puesto de al lado, ambos se sentían enamorados uno de otro. Y cada mañana iban a ayudar a sus madres respectivamente en el mercado con el propósito de verse siempre. El chico nunca le declaraba su amor y ella espera que lo hiciera. Cuando los comerciantes deciden tomar el mercado, los dos estuvieron más días y horas juntos, una de esas noches sirvió para que ambos unieran sus corazones. En medio de una desesperación, el hambre la tensión, las presiones y el olvido, el estar juntos los calmaba y en el fondo agradecían que esta toma haya sucedido para consolidar su amor. Cuando llegó el día del desalojo el joven perdería a su amada. Él se iría a vivir en casa de una tía y su amada no tendría un paradero conocido.

3. Ruperto un humilde provinciano que juntando todo sus ahorros decide ir a la capital, donde ve realizado todos sus sueños, su mayor logro fue comprarse un puesto en el mercado Santa Anita y luego trae a su familia para vivir con él, en la casita que construye en el mismo puesto. Ser comerciante es su único sustento para sobrevivir en la capital, pero nunca supo que fue estafado hasta el día del desalojo cuando se entero por los medios de comunicación. Todos sus sueños se desvanecieron cuando supo que lo perdería todo. Se resistía a salir de su puesto porque era lo único que tenía y no que un dirigente los presionaba a quedarse como escuchaba de la prensa. Ruperto y su familia escaparon lejos con rumbo desconocido y nunca se enteraron que se le devolvería sus pertenencias

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